50 años del Frente Nacional: la extrema derecha juega a «normalizarse» sin Le Pen de líder

Jordan Bardella, nuevo presidente de Agrupación Nacional, junto con Marine Le Pen, durante el congreso del partido en París este noviembre.

En octubre, la Agrupación Nacional (llamado Frente Nacional hasta 2018) conmemoró el 50º aniversario de su fundación con un acto discreto, un coloquio organizado en petit comité en la Asamblea Nacional para repasar las “contribuciones al debate político francés” del partido. Los dos miembros fundadores aún vivos, Alain Robert y Jean-Marie Le Pen, no fueron invitados y apenas se mencionaron sus nombres. 

Robert y Le Pen estuvieron presentes en una reunión privada celebrada el 5 de octubre de 1972, en la que nació el Frente Nacional (Front national pour l’unité française), a iniciativa del grupo neofascista Orden Nuevo. Un antiguo miembro de las Waffen-SS, Pierre Bousquet, fue el encargado de registrar los estatutos del partido, fundado con el objetivo de agrupar las diferentes tendencias de extrema derecha y hacerlas entrar en las instituciones. Jean-Marie Le Pen -que ya había sido diputado en los años 50- fue elegido presidente del nuevo partido. 

En pocos años, con la salida de la formación de otros fundadores y la disolución de Orden Nuevo, Le Pen se hizo con el control absoluto. Fue presidente del Frente Nacional durante cuatro décadas en una carrera política marcada por declaraciones xenófobas, racistas, homófobas y antisemitas. En esos primeros 40 años el Frente Nacional pasó de lograr un 0,52% de los votos en sus primeras elecciones a clasificarse para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2002 (fue derrotado por Jacques Chirac). 

En 2011 su hija Marine Le Pen le sucedió en la presidencia del partido y empezó lo que llamó una estrategia de "normalización" (en francés dédiabolisation) con la que la formación, ya bajo el nombre de Agrupación Nacional, ha llegado a contar con un grupo parlamentario de 89 diputados (incluyendo dos vicepresidencias y una plaza en la comisión de inteligencia en la Asamblea Nacional) y un puñado de alcaldías. En las elecciones presidenciales de este año, Marine Le Pen obtuvo además el mejor resultado histórico del partido.

Sin embargo, la historia del Frente Nacional se ha convertido en un lastre en esa estrategia, que intenta hacer olvidar las declaraciones más radicales de Jean-Marie Le Pen sin renunciar a los temas tradicionales del partido. La nueva fase de la "normalización", enfocada a demostrar que el partido puede ejercer responsabilidades de gobierno, sufrió un revés adicional con el reciente incidente en el Parlamento, en el que el diputado Grégoire de Fournas gritó “¡que se vuelva a África!” cuando el diputado de la Nupes Carlos Martens Bilongo hablaba sobre un barco que transportaba migrantes. De Fournas ha sido expulsado de la Asamblea Nacional durante dos semanas.

En realidad, muchas de las grandes líneas ideológicas marcadas por Jean-Marie Le Pen permanecen en el programa, especialmente en lo que se refiere a la estigmatización de la inmigración, las críticas a la globalización y la exaltación de la nación y de una presunta grandeza perdida. “Las declaraciones racistas del diputado Grégoire de Fournas en pleno hemiciclo demuestran que ese perfil discreto que tratan de aplicar tiene sus límites, ya que las bases ideológicas del partido acaban por revelar su postura contra la inmigración no europea y su etnicismo”, explica Cécile Alduy, profesora en la Universidad de Stanford e investigadora asociada del Cevipof, especialista en el análisis del discurso de la extrema derecha.

Ya en sus campañas de los años 80 y 90 Jean-Marie Le Pen defendía que el Frente Nacional no era un partido de extrema derecha, sino de una “derecha nacional, social y popular”, una fórmula recuperada por su hija en la última campaña, en la que promovía un “proyecto nacional, social y popular”. Varias de las líneas básicas del Frente Nacional en su origen también permanecen hoy, en particular el concepto de preferencia nacional – rebautizado hace diez años como prioridad nacional- que pretende inscribir en la constitución una obligación para que los franceses tengan prioridad sobre los extranjeros en la asignación de puestos de trabajo, asistencia social y vivienda y que, según la mayoría de los expertos, es anticonstitucional por ser una medida explícitamente discriminatoria.

“El Frente Nacional ha construido su marca y su oferta política sobre la cuestión de la identidad nacional, como partido nacionalista, con una visión etnicista de la identidad que está en el centro de su programa e ideología”, resume Alduy. “Es el hilo conductor y sobre eso no hay ninguna variación”.

No obstante, Marine Le Pen ha optado por eliminar algunas de las antiguas obsesiones del Frente Nacional del actual discurso del partido, reflejo del cambio de época. Entre ellas el anticomunismo, la defensa de la familia tradicional, la oposición al aborto o, más recientemente, la salida del euro y restauración de la pena de muerte ya no forman parte del argumentario. Incluso la figura del general de Gaulle, denostada por Jean-Marie Le Pen, ahora se cita como referencia del partido. 

“El Frente Nacional es, ideológicamente, muy flexible; lo que cuenta para sus militantes es la visión general del mundo y la concepción orgánica de la nación”, explicaba Nicolas Lebourg, historiador de la extrema derecha, en un reciente análisis para el diario Le Monde. “En consecuencia, el único programa es gobernar: el Frente Nacional actúa como receptáculo de las demandas y el descontento social”.

Marine Le Pen se ha centrado precisamente en la línea más social, que conserva la crítica con la globalización y las élites. “Hay un culto constante a la sociedad industrial de los años 50 y 60, que se supone que corresponde a una unidad de la clase obrera que forma la nación”, señalaba Lebourg. “Ese mito del pasado se moviliza para definir la utopía: la instauración de una sociedad armoniosa libre de depredadores, tanto de arriba (el capitalismo global) como de abajo (los inmigrantes que reciben ayudas sociales)”.

Un nuevo capítulo se ha abierto en el partido desde el pasado sábado, con la elección de Jordan Bardella a la presidencia. Por primera vez desde su creación, el presidente del partido no se apellida Le Pen. En cualquier caso, la candidata a las últimas elecciones presidenciales mantiene el timón de la formación, cuyo centro de poder se ha trasladado al Parlamento. Además, su sucesor ha sido su protegido político en los últimos años y tiene un vínculo personal con la familia, ya que su pareja es una de las sobrinas de Marine Le Pen. 

Bardella ya ha dado los primeros pasos para marcar su estilo, con una línea más identitaria, concebida para no perder terreno con la alternativa ultraderechista que proponen Éric Zemmour y Marion Maréchal. En un artículo de opinión publicado recientemente en la revista Marianne, el nuevo presidente de la Agrupación Nacional afirmaba que el “pronóstico vital del pueblo francés está en peligro”, a causa de “una forma de preferencia hacia los extranjeros, en la que se concede a otros los derechos y privilegios que a nuestro propio pueblo se le niegan o tiene que esforzarse para obtener”. Una referencia que recuerda al documento fundador del Frente Nacional, redactado aquel 5 de octubre de 1972, que consideraba la inmigración como “una invasión pacífica y legal que cambia la naturaleza y la particularidad del pueblo francés”.