El Partido Republicano intenta pasar página y liberarse de Trump tras los resultados de las elecciones legislativas

El expresidente Donald Trump, después de un mitin en Robstown, Texas, en octubre.

Sentado frente a la mesa principal de un salón de baile blanco y dorado, bajo relucientes lámparas de araña y un techo adornado con cornisas, Donald Trump mostraba un aspecto sombrío mientras seguía los resultados de las elecciones de mitad de mandato en una pantalla de televisión gigante.

Al otro lado del estado de Florida, a más de 320 kilómetros de la opulenta mansión de Mar-a-Lago del expresidente, el ambiente era muy diferente. En Tampa, el gobernador republicano Ron DeSantis celebraba su aplastante victoria parafraseando a Winston Churchill.

"Luchamos contra el movimiento progre en el legislativo", afirmó DeSantis, acompañado de su joven y fotogénica familia, con un telón de fondo de estrellas y rayas. "Luchamos contra los progres en las escuelas. Luchamos contra los progres en las empresas. Nunca, jamás, nos rendiremos a la mafia progre. Florida es el lugar donde el movimiento progre morirá".

Mientras, una multitud exultante coreaba "¡dos años más!", una referencia a que DeSantis, y no Trump, debería presentarse como el candidato republicano en las elecciones presidenciales en 2024. ¿Fue este el momento en el que el poder pasó inexorablemente de uno a otro, en el que la corona republicana pasó del viejo rey al joven delfín?

Algunos miembros del partido parecen estar de acuerdo con esta afirmación. En declaraciones al Washington Post, David Urban, un histórico aliado de Trump, afirmó que "está claro que el centro de gravedad del Partido Republicano está en el estado de Florida, y no me refiero a Mar-a-Lago".

Si es cierto que este giro se ha producido, lo ha hecho de forma gradual primero, y de forma repentina después. Desde que descendió por una escalera mecánica en su rascacielos de Nueva York en junio de 2015, Trump ha dominado y definido el Partido Republicano, aplastando a sus rivales en las primarias republicanas y finalmente ganando las elecciones a la presidencia de Estados Unidos por un margen muy ajustado a la candidata demócrata Hillary Clinton.

Sin embargo, el partido liderado por Trump sufrió varapalos en las urnas, en 2018 y 2020. Y a pesar de los pronósticos de una "ola republicana" en 2022, lo cierto es que no han logrado los resultados que se habían marcado. De Michigan a Pensilvania, los candidatos sin experiencia avalados por el expresidente demostraron no estar preparados para los debates televisivos en horario de máxima audiencia y ser demasiado radicales para un electorado cauteloso y cansado.

Finalmente, algunos republicanos han reconocido lo que todo el mundo podía ver: Trump es un obstáculo para el partido. La vicegobernadora de Virginia, Winsome Earle-Sears, que en su día fue una firme partidaria de Trump, dijo a la televisión Fox Business: "Los votantes han hablado y han dicho que quieren un líder diferente. Y un verdadero líder entiende cuando se ha convertido en un lastre. Un verdadero líder entiende que es hora de bajarse del escenario. Es hora de pasar página".

Parece que Rupert Murdoch ya lo ha hecho. "Trumpty Dumpty" (juego de palabras con el popular personaje de la canción infantil inglesa Humpty Dumpty y que se utiliza para referirse a una persona torpe y pequeña), retumbó la portada de su tabloide el New York Post. "Trump es el mayor perdedor del Partido Republicano", fue el veredicto del consejo editorial del Wall Street Journal. Una columna en la web de Fox News proclamaba: "Ron DeSantis es el nuevo líder del Partido Republicano. Los republicanos están listos para seguir adelante sin Donald Trump".

De hecho, si Trump fue el gran perdedor de la noche, DeSantis fue el gran ganador. Su victoria por casi 20 puntos porcentuales fue una reivindicación personal que parecía poner a Florida, que durante mucho tiempo ha sido el estado indeciso por excelencia, fuera del alcance de los demócratas.

Sus sorprendentes victorias en grandes condados de mayoría latina, como Miami-Dade y Osceola, le permiten argumentar que, como candidato presidencial, podría repetir esta fórmula en estados como Arizona, Nevada y Texas. "Hemos reescrito el mapa político", afirmó ante sus seguidores.

Una campaña de DeSantis en 2024 también podría prometer un cambio generacional. A sus 44 años, el exabogado de la marina y congresista tendría una edad similar a la de John F. Kennedy, Bill Clinton y Barack Obama cuando se presentaron a la Casa Blanca, un fuerte contraste con Trump, de 76 años, o Joe Biden, que cumple 80 este mes.

Un aspecto crucial es que DeSantis podría venderse a sí mismo como "el Trump 2.0", una mejora comprometida con la misma agenda política de "American first", el enfrentamiento con los medios de comunicación y las burlas a los liberales (recientemente llevó a migrantes venezolanos desde Texas a Martha's Vineyard), pero sin el lastre de las múltiples investigaciones federales, estatales y del Congreso a las que tendrá que hacer frente Trump.

Por otra parte, podría significar una ruptura con la gestión de Trump durante la pandemia de COVID-19 ya que podría alegar que Florida no se confinó. Trump instó a los gobernadores a confinar a la población.

Tim Miller, exresponsable de comunicación del exgobernador de Florida Jeb Bush en la campaña de 2016, dice sobre lo que haría DeSantis: "Intentaría pintar a Trump como alguien que perdió, es un perdedor y esto tiene un coste para el partido. Probablemente criticaría a Trump por no haber tenido un liderazgo más fuerte durante la pandemia y diría que debería haber despedido al [doctor Anthony] Fauci".

DeSantis es especialmente popular entre los conservadores por tomar la delantera en cuestiones de "guerra cultural" relacionadas con la raza y el género. El año pasado se enzarzó con la compañía Walt Disney por su apoyo a la controvertida ley, apodada "don't say gay" (no digas gay) por los opositores, que prohíbe la enseñanza de conceptos de identidad de género a los niños pequeños.

Pero si quiere disparar al rey, mejor no fallar en el tiro. Trump lleva meses preparándose para hacer fracasar la campaña de DeSantis desde que surgió. En un mitin de campaña en Latrobe, Pensilvania, antes de las elecciones, lanzó un apodo, "Ron DeSantimonious" (Ron el Mojigato), con la intención de estigmatizar a su oponente como lo ha hecho con tantos otros antes.

En declaraciones a Fox News el pasado martes, afirmó en tono amenazante: "Creo que si se presenta, podría hacerse mucho daño a sí mismo. Realmente creo que podría salir mal parado. Te diría cosas sobre él que no serán muy halagadoras -sé más sobre él que nadie-, aparte de, quizás, su esposa".

El jueves, con el rumor de una posible candidatura de DeSantis que iba in crescendo, Trump arremetió en un extenso y airado comunicado en el que reprendió a Fox News y a otros medios controlados por Murdoch por ir "a por todas con el gobernador Ron DeSantis", al que calificó como "un gobernador republicano del montón con una gran estrategia de relaciones públicas", al tiempo que volvió a atribuirse el mérito de la victoria de DeSantis en 2018.

"Bueno, en términos de lealtad y clase, esa no es realmente la respuesta correcta", escribió, comparando la carrera con su campaña ganadora de 2016. "Ahora estamos exactamente en la misma posición. Seguirán viniendo a por nosotros... pero en última instancia, ganaremos", dijo repitiendo sus eslóganes habituales de "Make America Great Again" y "America First".

Poco después, invitó a los periodistas a un "anuncio especial" en Mar-a-Lago el martes por la noche, insinuando que está preparando una tercera candidatura consecutiva a la Casa Blanca. Algunos aliados se apresuraron a ofrecer sus preaprobaciones, y Elise Stefanik, la presidenta republicana de la Cámara de Representantes, se declaró del equipo de Trump.

JD Vance, que ganó la carrera al Senado en Ohio con el apoyo de Trump, hizo lo mismo. Y en un mitin para Vance en Dayton la noche antes de las elecciones, muchos partidarios que lucían gorras y camisetas de Make America Great Again esperaban que Trump anunciara su candidatura allí mismo.

Pero incluso entre una multitud de entusiastas seguidores había quienes tenían dudas. Mandy Young decía: "Creo que Trump fue un gran presidente, pero no creo que pueda volver a ganar. Es demasiado divisivo. Los independientes que le votaron antes no volverán a votar por él debido a todas las investigaciones que tiene abiertas".

"Además, no me gusta que haya llamado a DeSantis 'DeSanctimonious', mojigato. Creo que DeSantis sería un gran presidente. Me hace pensar que a Trump no le importa que gane el Partido Republicano, y que sólo piensa en su propio beneficio. Debería dar un paso atrás. Seguiría teniendo mucha influencia como un padrino respetado que aconseja al nuevo líder".

El día de las elecciones, Jeffrey Weisman, partidario de los republicanos porque dice que el partido es mejor para la economía y su negocio de joyería, votó en la mayor iglesia ortodoxa griega de Columbus (Ohio).

Weisman apoyó a Trump en las elecciones de 2016 y 2020, pero ahora preferiría que el expresidente se mantuviera al margen de las próximas. "Me gusta DeSantis. En mi opinión, que Trump se presente a las primarias perjudicaría las posibilidades de DeSantis. Así que, por esa razón, no quiero que Trump se presente", comentaba.

Las fortalezas y debilidades de la influencia de Trump quedaron de manifiesto en las elecciones de Ohio para el Senado. El apoyo del expresidente a James David Vance sacó al autor de las memorias Hillbilly Elegy (Hillbilly, una elegía rural, con película homónima) de la cola de las primarias republicanas y le hizo ganar la candidatura. Pero el respaldo de Trump hundió luego el apoyo a Vance en las elecciones generales del martes, aunque ganara.

Mark R Weaver, un estratega republicano afincado en Columbus y que ha trabajado en varios cientos de campañas estatales y nacionales, dice que eso tiene implicaciones para cualquier desafío de DeSantis tanto en Ohio como en todo el país.

"La capacidad de Trump para mejorar las posibilidades de un candidato se está debilitando. Ya no es capaz de garantizar o incluso predecir que alguien a quien apoya va a ganar. Cualquier atractivo que tuviera para los votantes se ha agotado, ciertamente en las elecciones generales. En las primarias, todavía puede ser un factor importante. En Ohio lo fue".

Weaver indica que si bien Trump aún ganaría una contienda republicana por la candidatura presidencial contra DeSantis si se celebrara hoy, eso podría no ser cierto para cuando las primarias comiencen realmente a principios de 2024.

En este sentido, dice que ha "notado un lento descenso de la popularidad de Donald Trump entre los republicanos, y un rápido ascenso de la popularidad de Ron DeSantis".

"Si esas dos tendencias continúan, Trump debilitándose lentamente y la gente buscando mejores opciones, y DeSantis fortaleciéndose rápidamente y teniendo más personas que lo apoyen, esas dos tendencias podrían cruzarse justo en marzo de 2024. Eso parece una afirmación descabellada ahora mismo, pero si se cruzan, Ron DeSantis puede vencer a Trump en las primarias de 2024".

Las élites republicanas han escrito el obituario político de Trump en innumerables ocasiones, y lo cierto es que ha sido un mero deseo. De hecho, ni el vídeo de Access Hollywood en el que Trump se jactaba de manosear las partes íntimas de las mujeres pudo con él. Su tibia condena de una violenta marcha supremacista blanca en Charlottesville, Virginia, tampoco. Su propuesta de que la COVID-19 se podía curar con lejía, tampoco. Ni siquiera su incitación a un asalto al Capitolio de los Estados Unidos. ¿Puede DeSantis lograrlo apelando a lo esencial, las posibilidades de ganar las elecciones de uno y otro?

Tara Setmayer, asesora del Proyecto Lincoln, un grupo conservador anti-Trump, dice que ella siempre ha afirmado que “el Partido Republicano no prescindirá de Trump hasta después de haber perdido varios comicios. Los actores políticos buscan solo la reelección y, una vez que su poder se ve amenazado, es cuando suele producirse una corrección de rumbo". "Pero se han metido en un buen atolladero con Donald Trump porque todavía tiene una sólida base de apoyo del 30%, al menos, y eso es lo suficientemente amplio como para seguir creando dolores de cabeza al partido si intentan prescindir de él", dice.

Setmayer, exportavoz republicano en el Capitolio, dice: "Tampoco tienen un sucesor que sea lo suficientemente potente. No es Ron DeSantis. Ron DeSantis es un animal político completamente inofensivo, que fue creado y apuntalado por Donald Trump. No tiene el talento político, ni el carisma, ni la dureza para afrontar la embestida que se le viene encima desde el círculo de Trump. Ya está empezando".

Joe Walsh, excongresista republicano de Illinois, coincide con esta afirmación. "Trump se lo comería vivo", afirma. "Ahora mismo Trump sigue siendo el jugador dominante en el Partido Republicano. La mayor parte de la base sigue con él. DeSantis no ha demostrado nada. Es un tipo raro. No es carismático. Tiene la piel fina. No sabe reaccionar con rapidez. Nunca ha sido puesto a prueba y se ofende fácilmente. Trump hará y dirá cualquier cosa".

Walsh, que desafió a Trump en las primarias republicanas de 2020, añade: "Trump es el rey. Si intentas matar al rey y no lo consigues, tu carrera está acabada. Ese es un riesgo enorme para un tipo de 44 años como DeSantis".

No son los únicos que sostienen que, aunque DeSantis es como Trump sin el caos, también es Trump sin el carisma. Los mítines del expresidente son acontecimientos alegres y llamativos que ofrecen a sus seguidores un sentimiento de comunidad, entretenimiento y risas. Se dice que DeSantis es poco hábil en la distancia corta y que tiene poco sentido del humor.

Jennifer Mercieca, profesora de Comunicación y Periodismo de la Universidad A&M de Texas, añade: "Donald Trump es un PT Barnum (un artista circense del siglo XIX). Es capaz de mantener nuestra atención y curiosidad. Tiene un gran sentido del humor. También tiene intuición para el espectáculo y Ron DeSantis no tiene ese tipo de atractivo fácilmente traducible para el público de los medios de comunicación. Su afecto es plano. No es tan ameno. Lo que pasa con Donald Trump es que es una persona muy amena. Sabe mantener nuestra atención y principalmente lo hace a través de la indignación y cosas que son muy negativas para la política y la resolución de problemas políticos. Pero en términos de un enfrentamiento entre los dos políticos republicanos, yo apostaría por Trump".

Trump ha demostrado ser capaz de ir a por una política la tierra quemada y acabar con el partido. Una lucha ferozmente desagradable en las primarias entre él y DeSantis hará que los demócratas agarren unas palomitas para seguir el baño de sangre cómodamente. En un encuentro con los medios de comunicación en la Casa Blanca, al presidente Joe Biden parecía divertirle esa posibilidad. "Será divertido verlos enfrentarse", dijo.

Traducción de Emma Reverter