Diabetes tipo 2, así afecta a tu organismo

Diabetes tipo 2, así afecta a tu organismo Obesidad y diabetes son dos términos que van asociados de forma muy directa. Uno de los tipos de diabetes más común, la diabetes mellitus tipo 2, está considerada ya una verdadera epidemia mundial debido al incremento, en los últimos años, de la obesidad. Se estima, según datos de la Sociedad Española de Diabetes (SED), que en torno al 90% de las personas con diabetes tipo 2 tienen sobrepeso u obesidad. En todo el mundo, esta enfermedad se ha cuadriplicado en las últimas tres décadas, y se ha situado en la novena causa de muerte. La diabetes, que el 14 de noviembre celebra su día mundial, se desarrolla en el momento en el que el nivel de glucosa —un combustible importante para el cuerpo— en sangre es demasiado elevado, es decir, hay demasiado azúcar circulando en el torrente sanguíneo. Nuestro cuerpo tiene un sistema que regula estos niveles y que se centra en una hormona llamada insulina, encargada de transformar en energía los azúcares contenidos en los alimentos. Cuando la insulina no ha podido realizar bien su función, se acumula azúcar en el torrente sanguíneo y es cuando aparece la diabetes. En España, la prevalencia se estima en un 14%. Una gran parte de estas personas desconocen que la tienen porque no se producen síntomas hasta que las cifras son muy elevadas. Algunos de estos síntomas constituyen la llamada sintomatología “cardinal” de la diabetes y consisten en un incremento muy llamativo, y a veces limitante de la actividad diaria, de la sed, las ganas de orinar, el hambre y la pérdida de peso. En ocasiones los pacientes pueden notar además visión borrosa, fatiga y tendencia a ciertas infecciones como las genitourinarias. Los tipos más frecuentes de diabetes son la diabetes tipo 1, típica en la infancia, que se produce por destrucción de células beta pancreáticas, generando una deficiencia absoluta de insulina. La diabetes tipo 2, más común en adultos con exceso de peso, se produce por una reducción progresiva de la acción de la insulina, que no ejerce su función como debería. Aunque este segundo tipo suele afectar sobre todo a personas mayores de 45 años, cada vez se detecta en personas más jóvenes debido al aumento de casos de obesidad, inactividad física y sedentarismo. De hecho, es tan consistente la asociación entre diabetes tipo 2 y obesidad que se ha llegado a definir con el término diabesidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la diabetes como una de las enfermedades que más atención y actuación requiere debido a la alta carga sanitaria, económica y social que lleva asociada. La diabetes tipo 2 puede afectar a la mayoría de las partes del cuerpo. Como bien explica la Doctora Amalia Paniagua Ruiz, especialista del Servicio de Endocrinología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, se trata de una enfermedad que puede afectar a múltiples órganos, principalmente “la retina, el riñón, los nervios, el corazón, el cerebro, las  piernas y los brazos”. Por esta particularidad, la diabetes puede llegar a requerir la implicación de múltiples especialidades, como “la de Oftalmología, Nefrología, Cardiología, Cirugía Vascular, Neurología y Neurosifiología”, admite la endocrinóloga del centro hospitalario, que cuenta con un extenso equipo de especialistas dedicado a prevenir complicaciones, optimizar el tratamiento de los pacientes con lesiones orgánicas y tratar de reducir el sobrepeso para curar la enfermedad. La diabetes mal controlada puede provocar lesiones en la circulación del organismo, a nivel de capilares y arteriolas, causando entre otros trastornos la conocida retinopatía originando, en muchos casos, de ceguera. También puede derivar en insuficiencia renal si afecta al riñón; infarto de miocardio e insuficiencia cardiaca al afectar al corazón; accidente cerebrovascular si actúa sobre las arterias cerebrales; y lesión de las arterias periféricas de las piernas que, en los casos más graves, puede acabar con la amputación de los miembros inferiores. Se trata de complicaciones que afectan de manera directa a la supervivencia y calidad de vida de estas personas pero que pueden evitarse si se controla y maneja bien la enfermedad. El comienzo de cualquiera de los síntomas de diabetes que ya hemos descrito puede ser gradual o súbito. Suelen persistir en el tiempo hasta que la persona busca consejo médico. Antes de desarrollar diabetes, muchas personas tienen prediabetes, una condición reversible que se consigue perdiendo peso. Si no se trata a tiempo esta primera fase, el riesgo de desarrollar diabetes en los cinco a diez años siguientes es alto. Como hemos visto, la diabetes es una enfermedad directamente relacionada con la obesidad. Por tanto, y tal como reconocen los expertos, la mejor manera para prevenirla es la pérdida de peso, la reducción de la grasa visceral y el aumento de actividad física. El control de la diabetes tipo 2 se basa en tres pilares fundamentales: dieta, ejercicio y también fármacos. Los dos primeros pueden ayudar a aumentar la sensibilidad a la insulina y ayuda a mantener los niveles en sangre en un rango saludable durante un tiempo prolongado. Los fármacos hipoglucemiantes disponibles en la actualidad tanto por vía subcutánea, como por vía oral, permiten un buen control de glucemia y peso pero, sobre todo, inciden en la salud cardiovascular y renal castigada de nuestros pacientes, mejorando su pronóstico y morbimortalidad. Como señala Paniagua, además de la clásica y esencial metformina, existen actualmente dos herramientas terapéuticas cruciales para tratar la diabetes de tipo 2: los análogos de GLP1 y los fármacos glucosúricos El tratamiento debe ser individualizado, modificándose en función de la evolución de la patología.