¿Usar herramientas es signo de inteligencia?

Lo más probable es que un pez pequeño del océano pase inadvertido ante la mirada humana; al fin y al cabo, hay más de 27.000 especies de peces en el mundo. Eso sí, si en algún momento se le observa golpeando conchas contra piedras, saldrá del anonimato y, de la noche a la mañana, se volverá una especie popular entre los humanos. Estará en la boca de los etólogos, aparecerá en entradas de internet tituladas El pez que utiliza herramientas… y otras maravillas e incluso en un documental de la BBC. ¿Por qué nos llama tanto la atención el uso de herramientas en otros animales? ¿A caso indica que son especies inteligentes?

Antes que nada, es preciso definir herramienta. Dicho de una manera sencilla, una herramienta es cualquier objeto que se usa para cambiar la posición o forma de otro objeto o individuo. Los humanos somos auténticos expertos utilizándolas y nos encanta alardear de tecnología. Como suele ocurrir con los comportamientos que consideramos inteligentes, pensamos que son exclusivos de nuestra especie hasta que los encontramos en el resto de animales. En la década de los 60, Jane Goodall observó por primera vez a un chimpancé cazando termitas con un palo, dejando claro que si queríamos encontrar una característica que nos hiciera únicos a los humanos, había que buscarla en otra parte. Hoy en día, el uso de herramientas se ha documentado en insectos, invertebrados marinos, peces, aves y mamíferos. Son variadas las especies que se pueden poner ese pin.

No obstante, si tomamos perspectiva y tenemos en cuenta todas las especies animales que existen, vemos que el uso de herramientas no es tan común, ya que pocas lo hacen en la naturaleza de manera espontánea y recurrente. Es una rareza. Por si sola, esta ya sería una buena razón para resaltar un comportamiento, pero probablemente no es el motivo principal por el que le damos tanto bombo. Comunicarte con tus compañeros mediante pequeñas descargas eléctricas como hacen los peces elefante es aún más raro y no hablamos tanto del tema.

Nuestro interés probablemente se deba a que los humanos nos identificamos con el uso de herramientas. Estamos orgullosos de esta habilidad tan característica de nuestra especie y nos llama la atención cuando la vemos en otras. Además, por analogía, tendemos a pensar que aquellos animales que usen herramientas también serán listos. Sin embargo, este no tiene por qué ser el caso… siempre.

Un mismo comportamiento, como golpear un huevo con una piedra para romperlo, puede estar desencadenado por procesos mentales muy diferentes. Desde el entendimiento del problema y la planificación, hasta el puro instinto. ¿Cómo podemos saber qué proceso utiliza un animal si no leemos su mente? Desde luego no siempre es fácil, pero ya solo con la observación del comportamiento podemos obtener información muy valiosa. Existen dos casos en la naturaleza que lo ejemplifican muy bien, el alimoche y el chimpancé.

El alimoche es un tipo de buitre que se encuentra en la península Ibérica y en otras partes del mundo como África. Un estudio publicado en Nature en 1966 describió cómo agarra piedras con el pico y las lanza contra huevos de avestruz para abrirlos. En un principio podría parecer que es un comportamiento inteligente que requiere capacidad para resolver problemas, pero, por el momento, no se ha reportado que use la piedra de otra manera. Por ejemplo, no la lanza contra otras aves competidoras ni contra los depredadores, o si el terreno es irregular y el huevo se desliza, no la utiliza para sujetarlo. Ante la falta de piedras, tampoco cambia de material o viaja un kilómetro para buscarlas. Por el contrario, usa una única herramienta de una sola manera, es un comportamiento rígido y estereotipado. Para que se produzca, pueden ser necesarios muchos miles de años de evolución en un determinado ambiente, pero no un cerebro especialmente desarrollado.

En la selva africana los chimpancés parten nueces, también con piedras. Sin embargo, existen diferencias sustanciales entre el comportamiento de ambas especies. Primero, estos simios transportan las piedras que van a emplear como martillo largas distancias, lo que indica planificación. Colocan la nuez sobre otra piedra que hace de yunque y esas mismas piedras las usan para otros fines. Por ejemplo, en los bosques del oeste de África las lanzan contra árboles, probablemente para mostrar su poderío, porque sus árboles favoritos son los que más resuenan. Además, utilizan otros tipos de herramientas para diferentes tareas, como la que descubrió Jane Goodall. Esto demuestra creatividad y flexibilidad, lo que sí indica niveles altos de inteligencia. Aparentemente, el comportamiento de los alimoches y chimpancés es el mismo, al fin y al cabo, ambos están utilizando una piedra para abrir algo, pero en el fondo no tienen nada que ver.

A la hora de analizar la complejidad con la que una especie usa herramientas no nos podemos dejar llevar por su parecido con nosotros. De hecho, bien rápido se termina la lista de las especies de primates que lo hacen de manera creativa: Chimpancés, bonobos, humanos, gorilas, orangutanes y monos capuchinos. En cambio, una de las especies más aventajadas en esta materia es el cuervo de Nueva Caledonia, lejos de nuestra línea evolutiva. Estas aves llegan incluso a usar una herramienta detrás de otra. En un estudio llevado a cabo en el laboratorio, por ejemplo, cogieron un palo corto para obtener otro palo más largo con el que ya podían alcanzar el alimento. Igualmente, es fascinante cómo en la naturaleza perfeccionan las herramientas para adecuarlas al objetivo. Primero seleccionan el material adecuado, que en este caso es una ramita con la flexibilidad justa, luego la cortan a la longitud precisa y, por último, doblan la punta haciendo un gancho con el que atrapan los insectos que viven dentro de troncos.

Cada vez que se descubre a un animal que utiliza herramientas, los científicos se hacen este tipo de preguntas ¿Le da un uso estereotipado o flexible? ¿Estamos ante un animal inteligente? Algunas veces la respuesta está clara, otras requiere un análisis más detallado y en algunos casos el debate sigue abierto. Estas no son dos categorías estancas, el comportamiento animal es un mundo tan diverso y complejo que se suele sentir más cómodo en los gradientes.

Laura Camón es bióloga, primatóloga y comunicadora científica.

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